Abuso

Existen diferentes tipos de abuso o maltrato, como el abuso físico, el abuso emocional o psicológico, el abuso sexual, etc. En particular, el abuso sexual se puede definir como aquella violencia de carácter sexual, con o sin contacto físico, cometido por uno o varios individuos mediante violencia, coerción o amenaza, sin el consentimiento de la persona víctima.

Según datos de la OMS, 1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 13 hombres adultos declararon haber sufrido abusos sexuales en la infancia. (UNICEF).

Dada la gravedad derivada del abuso, es especialmente relevante conocer algunos signos de alarma indicativos de que se ha abusado de un menor, como son: 

  1. Cambios de conducta, sobre todo irritabilidad o llanto fácil, además de un retraimiento repentino.
  2. Se niega a pasar tiempo con una persona concreta o a ir a un lugar que antes le gustaba.
  3. Actitud defensiva ante el contacto físico o ciertas posturas.
  4. Regresión de conducta: vuelve a mojar la cama, o a no querer quedarse solo. 
  5. Conducta sexual agresiva o inapropiada, con conocimientos que no corresponden a su edad o dibujos sexualmente explícitos. 
  6. Alteraciones del sueño y bajo rendimiento académico debido a pesadillas y disminución de la capacidad de concentración. 
  7. Alteraciones en la alimentación y la higiene, debidas al estrés o culpabilidad que sienten.

De manera específica, los ejes más relevantes a tratar en espacio terapéutico son: 

  • Establecer una buena relación terapéutica.
  • Psicoeducación.
  • Entender y regular las emociones mediante el reconocimiento de las emociones, el aprendizaje de habilidades específicas (relajación, etc), la planificación de actividades, y otras.
  • Exposición a la experiencia traumática.
  • Trabajo cognitivo sobre las creencias y atribuciones relacionadas.
  • Educación sexual.

Claramente, la elección de la terapia debe basarse en una evaluación exhaustiva del paciente y sus necesidades individuales, y los profesionales de la salud mental deben tener un enfoque centrado en la víctima, brindando apoyo, empatía y un entorno seguro para la recuperación. Sin embargo, los protocolos y las terapias más empleadas para su tratamiento son:

  • Terapia Cognitivo-Conductual (TCC): se enfoca en identificar y modificar patrones de pensamiento disfuncionales y comportamientos relacionados con el trauma. Se utiliza para abordar síntomas como el trastorno de estrés postraumático (TEPT) y la depresión.
  • Terapia de Exposición: Esta técnica gradualmente expone al paciente a recuerdos traumáticos y situaciones relacionadas con el abuso, permitiéndoles procesar y reducir la ansiedad asociada.
  • TF-CBT (Terapia Cognitivo Conductual Focalizada en el Trauma): se centra tanto en el propio recuerdo traumático y sus recordatorios en el significado que se le ha otorgado, cogniciones distorsionadas sobre el acontecimiento y atribuciones negativas que el paciente se ha formado o ha reforzado sobre sí mismo, los otros y el mundo.
  • Terapia EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares): se basa en la idea de que los recuerdos traumáticos pueden almacenarse de manera inadecuada en el cerebro. Esta terapia utiliza movimientos oculares para facilitar la reestructuración adaptativa de estos recuerdos.
  • Terapia de Grupo: Los grupos terapéuticos brindan un espacio seguro para que los sobrevivientes compartan experiencias y se apoyen mutuamente. Esto puede ayudar a reducir el aislamiento y fomentar la resiliencia.
  • Terapia de Integración Sensoriomotora: Esta terapia considera cómo el trauma se manifiesta en el cuerpo y utiliza enfoques somáticos para liberar la tensión y procesar las emociones atrapadas.
  • Terapia de Arte o Expresión Creativa: Permite a los pacientes expresar sus experiencias y emociones de manera no verbal a través del arte, la escritura u otras formas creativas.
  • Terapia de Pareja o Familia: Cuando el trauma afecta las relaciones cercanas, la terapia con la pareja o la familia puede abordar las dinámicas familiares disfuncionales y promover la curación.
  • Psicofarmacología: En algunos casos, se pueden recetar medicamentos, como antidepresivos o ansiolíticos, para aliviar síntomas específicos, aunque no tratan directamente el trauma en sí.

Aunque es importante destacar que las consecuencias del abuso sexual, pueden variar ampliamente de una persona a otra, las más comunes y llamativas son:

  1. Trauma psicológico.
  2. Problemas emocionales.
  3. Problemas de salud mental.
  4. Problemas de comportamiento.
  5. Dificultades en las relaciones.
  6. Problemas físicos.
  7. Consumo de sustancias.
  8. Impacto en el desarrollo.
  9. Ciclo de abuso.
  10. Dificultades en la vida cotidiana.

Especialmente llamativa, se encuentran los resultados de varios estudios que parecen indicar que entre el 30% y el 50% de las personas que luchan contra los TCA (Trastornos de la Conducta Alimentaria) han experimentado algún tipo de abuso sexual en sus vidas (Journal of Traumatic Stress).

Por todo ello, es importante recordar que la búsqueda de ayuda profesional es fundamental para ayudar a las víctimas a superar las secuelas del abuso sexual y recuperarse de manera saludable.

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