Beneficios de la terapia familiar para recuperación de paciente de TCA

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) son patologías complejas que afectan a nivel familiar.

Los familiares responsables del cuidado dedican atención a costa de su propia salud física y mental, y los efectos de la enfermedad alteran su rutina personal y clima familiar de forma intensa (Highet, Thompson y King, 2005; Martin et al., 2011; Padierna et al., 2013; Sepúlveda, Kyriacou y Treasure, 2009; Sepúlveda et al., 2012; Vázquez- Arévalo, Ruiz-Martínez, Álvarez-Rayón, Mancilla-Díaz y Suck-Antonio, 2010). 

El abordaje familiar facilita una visión más completa del paciente, abordando tanto los desafíos personales como las dinámicas familiares que pueden influir en la manifestación y persistencia de este trastorno.  

La coordinación entre la terapia individual y familiar se convierte en un elemento fundamental en la recuperación de un TCA. La intervención familiar permite una comprensión global de los factores que contribuyen a los trastornos alimentarios, atendiendo a cambios más profundos y estructurales, no solamente atendiendo a la sintomatología que es la parte visible del problema.

La participación activa de los miembros de la familia refuerza la adherencia al tratamiento por parte del individuo afectado. Este respaldo continuo se traduce en una recuperación más efectiva y duradera. (Espina, 2009).

Aplicar psicoeducación familiar proporciona recursos através de información y pautas a los miembros de la familia. Aplicar los recursos mejora el funcionamiento familiar y asimismo reduce tensión de los cuidadores por la seguridad que aporta tener herramientas para abordar la problemática. Intervenir a nivel familiar, contribuye significativamente a la reducción del estigma asociado a los TCA. La participación activa de la familia desmitifica las percepciones erróneas, creando un ambiente de comprensión. Además, la terapia de familia aborda dinámicas relacionales disfuncionales. Este enfoque facilita la redefinición de roles y responsabilidades familiares, lo que, a su vez, conlleva a mejoras significativas en las relaciones intrafamiliares.

Los objetivos de intervención son iniciar en una comunicación asertiva, enseñar tácticas especificas de habilidades de regulación emocional y lograr establecer límites interpersonales en un ambiente terapéutico. 

Espina, A. (2009). Terapia familiar sistémica en los trastornos alimentarios. Centro de Psicoterapia y Estudio de la Familia.

Highet, N., Thompson, M. y King, R. M. (2005). The experience of living with a person with

an eating disorder: the impact on the carers. Eating Disorders, 13, 327-344.

Martín, J., Padierna, A., Aguirre, U., Quintana, J. M., Hayas, C. L. y Muñoz, P. (2011).

Quality of life among caregivers of patients with eating disorders. Quality of Life

Research, 20, 1359-1369.

Padierna, A., Martín, J., Aguirre, U., González, N., Muñoz, P. y Quintana, J. M. (2013).

Burden of caregiving amongst family caregivers of patients with eating disorders.

Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology, 48, 151-161.

Sepúlveda, A. R., Graell, M., Berbel, E., Anastasiadou, D., Botella, J., Carrobles, J. A. y Morandé, G. (2012). Factors associated with emotional well-being in primary and secondary caregivers of patients with eating disorders. European Eating Disorders Review, 20, e78-84.

Sepúlveda, A. R., Kyriacou, O. y Treasure, J. (2009). Development and validation of the Accommodation and Enabling Scale for Eating Disorders (AESED) for caregivers in eating disorders. BCM Health Services Research, 9, 171.

Vázquez-Arévalo, R., Ruiz-Martínez, A. O., Álvarez-Rayón, G., Mancilla-Díaz, J. M. y Suck- Antonio, T. (2010). Percepción del funcionamiento familiar de mujeres con trastornos del comportamiento alimentario. Behavioral Psychology/Psicología Conductual, 18, 105-117.

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