Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son un conjunto de enfermedades mentales graves que se caracterizan por presentar una alteración en la ingesta alimentaria y la aparición de comportamientos obsesivos y de control sobre el peso y la forma corporal, que repercuten negativamente sobre la salud física y funcionamiento psicológico y social de quienes los padecen (Fauci et al., 2017)
La prevalencia de los trastornos de la conducta alimentaria es de un 13%, siendo de entre un 0,9% y un 0,14% para la anorexia nerviosa, del 0,41% al 2,9% si hablamos de bulimia, y hasta un 1,9% para el trastorno por atracón en España (Prieto, Herrero-Martín, Montes-Martínez, M., y Jáuregui-Lobera, 2020).
La evidencia empírica indica que son trastornos de origen multifactorial, resultan de la interacción de diferentes causas. Factores de predisposición genética, factores psicológicos, factor sociocultural (modas, publicidad, medios de comunicación), situación familiar y personal.

Utilizamos la metáfora del iceberg para explicar los TCA debido a que la parte visible es la alteración que se produce en la alimentación, peso, imagen corporal y ejercicio físico. Sin embargo, detrás de toda la sintomatología, en la parte no visible, nos encontramos con varios aspectos desregulados. Esos aspectos son la base a reestructurar y principal a modificar para la recuperación completa del paciente.
La personalidad del paciente y situaciones contextuales pueden desencadenar estos trastornos. Situaciones problema que suelen ser detonadores son sufrir bullying, conflictos familiares, negligencia, abusos sexuales, pérdida de un ser querido, rupturas de relaciones y enfermedades graves.
Detrás de la sintomatología visible nos encontramos dos polos de personalidad extremos. Por un lado, un perfil autoexigente y perfeccionista y en el otro extremo un perfil de impulsividad. Ambos perfiles comparten rigidez de pensamiento, creencias desadaptativas, baja autoestima, identidad difusa y expectativas desreguladas. Todo ello, produce en el paciente sentimientos de soledad, inestabilidad emocional, sentimientos de vacío, miedo al fracaso, inseguridad, baja tolerancia a la frustración y necesidad de aprobación externa.
Las personas que padecen un TCA intentan encontrar a través del control de su alimentación y su cuerpo, una solución a todos los aspectos desregulados. Sentir que no pueden controlar todo lo que está ocurriendo en su contexto actual o en situaciones previas, les genera sentimientos desagradables e intentan calmar esa sensación a corto plazo, a través del control que sienten con la sintomatología restrictiva o compulsiva. Como consecuencia después aparecen sentimientos de culpa y arrepentimiento por haber utilizado esa estrategia y mantiene el problema a largo plazo.
Fauci, A. S., Hauser, S. L., Kasper, D. L., Larry, J., Longo, D. L. y Loscalzo, J. (2017). Harrison. Manual de medicina. 19a edición. McGraw Hill Interamericana
Prieto, J. F., Herrero-Martín, G., Montes-Martínez, M., & Jáuregui-Lobera, I. (2020). Alimentación familiar: influencia en el desarrollo y mantenimiento de los Trastornos de la Conducta Alimentaria. Journal of Negative and No Positive Results, 5(10), 1221-1244.